No es Ferrari (sólo), es el diseño de EEUU y Europa el que no acaba de entender que el coche eléctrico no es un coche de gasolina con un motor diferente.
«La electrificación y la autonomía transformarán por completo la forma que adopta un coche. Los vehículos eléctricos tienen distribuciones de peso y limitaciones de espacio en el habitáculo diferentes a las de los coches de gasolina. Sin motores bajo el capó, ¿por qué no entrar por la parte delantera, como sugiere el éxito del Microlino? También se posibilitan ángulos de giro más cerrados, lo que permite que los coches giren sobre sí mismos gracias a la dirección simultánea de las cuatro ruedas, como en los últimos modelos de la marca china BYD. Algunos diseñadores ya han abandonado el diseño tradicional. El robotaxi Zoox de Amazon no tiene capó ni maletero. En China, los coches ya parecen mutantes escapados de un laboratorio».