Una cosa es forjar un nuevo contrato social; otra muy distinta es explicárselo a la gente. Los burócratas del New Deal lo entendieron perfectamente. También sabían que el arte y la arquitectura podían ser poderosos difusores de ideas políticas. Al sacar a Estados Unidos de la Gran Depresión, la administración de Franklin D. Roosevelt construyó o financió juzgados, oficinas de correos, ayuntamientos, gimnasios, piscinas, auditorios y mucho más: decenas de miles de edificios e instalaciones públicas. Sus programas artísticos emplearon hasta 10 000 artistas para decorarlos.