Mientras las economías occidentales ven el envejecimiento como una amenaza existencial para su productividad, China está implementando una solución tecnológica y estratégica a gran escala. Esto no es una mejora incremental, sino un posible cambio de paradigma en la relación entre demografía y poder económico. Esta estrategia podría permitir a China mantener bajos los costos y alta la producción, desafiando las predicciones de su declive y forzando a sus competidores a acelerar su propia automatización o perder relevancia industrial