En «Por una política de amistad» (La Découverte), la diputada de izquierdas Clémence Guetté propone permisos especiales, derechos de herencia y «parejas de amistad» entre amigos.
En la agenda: « pareja social », una especie de unión civil amistosa sin convivencia; herencia simplificada; permiso por duelo; permiso parental transferible; y « acercamiento amistoso » dentro de la administración pública. La conclusión llega incluso a defender la inclusión de estos derechos amistosos en el cuerpo constitucional. Y el libro ofrece más que un simple catálogo de ajustes legales. Sus capítulos prometen la amistad « contra el mercado », « como refugio y catalizador antifascista», e incluso « para construir un sentimiento de unidad ». En la conclusión, la amistad se convierte incluso en una herramienta para « derribar los estrechos muros del neoliberalismo y las ideas reaccionarias ».
Clémence Guetté celebra la amistad porque es libre y elegida. Pero institucionalizarla implica definirla, establecer sus derechos, prever su disolución y confinarla dentro de un marco legal. Si bien una amistad puede desaparecer, incluso muy rápidamente, un vínculo familiar, por tenso o conflictivo que sea, perdura. Es innegable que algunos amigos a veces cumplen la función de una familia disfuncional. Que constituyan un marco equivalente para la sociedad en su conjunto es mucho menos evidente. En nombre de la emancipación, se exigiría al Estado crear nuevos derechos, permisos, ventajas fiscales y categorías para organizar lo que, hasta ahora, le ha sido esquivo. Al intentar otorgar estatus a todas las formas de solidaridad, muy pocos aspectos de la vida social quedarán pronto fuera del control estatal.