El modelo económico chino es inherentemente político: suprime el consumo doméstico y los salarios para generar un superávit estructural que mantiene el control del Partido. Las políticas comerciales occidentales (aranceles) no buscan un simple reequilibrio, sino que actúan como un impuesto sobre este mecanismo de supervivencia. De este modo el enfrentamiento ha escalado de lo comercial a lo sistémico, apuntando a la arquitectura de poder interna de China. Si el PCCh si se ve forzado a elegir entre el estancamiento económico o una liberalización que erosione su poder podríamos entrar en una fase de inestabilidad y contestación.