«Los trabajadores a los que se dirigía Amani llevaban ocho horas de su turno nocturno de 15 horas en un rascacielos de la zona económica especial del Triángulo Dorado, en el norte de Laos. Al igual que sus víctimas, la mayoría también eran víctimas: trabajadores forzados atrapados en el complejo, sometidos a servidumbre por deudas y sin pasaporte. Luchaban por cumplir con las cuotas de ingresos fraudulentos para evitar multas que agravaban sus deudas. Cualquiera que infringiera las normas o intentara escapar se enfrentaba a consecuencias mucho peores: palizas, torturas e incluso la muerte.»