«No se trata solo de que carezcamos de civismo y de la capacidad de discrepar respetuosamente, sino de que muchos vivimos como un conjunto de extraños, cada uno persiguiendo sus propios fines, y de que nuestra educación universitaria prácticamente no contribuye a desarrollar la conciencia de que nuestras acciones cotidianas tienen repercusiones en personas más allá de nosotros mismos».
«Estamos empezando a comprender que una nación de individuos sin principios ni sentido de responsabilidad comunitaria tiene pocas opciones para evitar el colapso de la confianza social y los problemas políticos y económicos que esto genera».
«Deep Springs y Berea —así como otras universidades con programas de trabajo— se sitúan en los márgenes del sistema educativo estadounidense; son experimentos que han logrado mantenerse e incluso prosperar, sin llegar a ser convencionales».
Deep Springs es un rancho que ofrece a 26 estudiantes un grado en Humanidades mientras trabajan en el rancho y toman parte en la gestión del rancho. Formalmente son sus dueños mientras estudian allí, únicos beneficiarios del fideicomiso que gestiona la iniciativa desde hace décadas.
«Los estudiantes no solo deben elegir qué clases cursar, sino también cuáles se ofrecerán a toda la universidad. Participan en la selección de los profesores, gestionan el proceso de admisión de los nuevos alumnos y se involucran en decisiones cada vez más importantes sobre el futuro de la universidad, como la contratación de personal para la recaudación de fondos».