«La primera convicción de Fink es que la transformación del orden internacional obliga a cambiar las preferencias: los países están girando desde las interconexiones hacia la resiliencia. Es necesario invertir en las capacidades de reconstrucción de los países, de manera que se pueda ganar en autosuficiencia y en competitividad a largo plazo. La capacidad industrial nacional, el aseguramiento de los empleos y el mayor control sobre los sectores críticos serán muy importantes en esta época.»
«Es una transición que tendrá un coste: el giro desde las economías de escala globales hacia una mayor autonomía territorial necesitará de músculo para soportar el aumento de costes, pero también capital para que esas capacidades estatales sean reconstruidas.»