La naturaleza de los criptoactivos permite transacciones y acumulaciones de valor con un nivel de opacidad o complejidad que desafía la supervisión convencional del financiamiento de campañas o el lobby. Esta es una señal de cómo las tecnologías emergentes pueden ser cooptadas para crear nuevas y potentes dinámicas de poder, alterando potencialmente las reglas del juego en la intersección de la riqueza y la gobernanza.