Tanto EEUU como China «están utilizando el comercio como arma con fines fiscales. EEUU grava las importaciones para financiar su déficit. China grava las exportaciones para sostener su motor de deuda y preservar la estabilidad política. Washington controla las rutas marítimas y el sistema del dólar; Pekín controla los minerales y la base manufacturera. Entre ambos se encuentran el consumidor y el productor estadounidense (principalmente fabricantes estadounidenses radicados en China y el extranjero), que pagan impuestos a ambos imperios. Lo que comenzó como una disputa comercial se ha convertido en un duelo fiscal».