El marco neoliberal aceptado implícitamente por una izquierda que flaquea en universalismo cuando no reniega de él y abraza la «justicia social» centrada en «los vulnerables» es el que ha abierto la puerta a la llamada «preferencia nacional».
«Antes del verano, Moncloa contaba con encuestas que señalaban cómo la ‘prioridad nacional’ había arraigado en parte de sus votantes tradicionales. Veían bien que los españoles contasen con alguna ventaja sobre los extranjeros en las prestaciones públicas en un contexto de escasez. Incluso había fugas de sus votantes hacia Vox, aunque fueran de pequeña magnitud.
Pero eso fue antes de Ceuta. Tras la invasión de la ciudad autónoma, esa brecha es mayor y no solo entre los socialistas. Los votantes del resto de partidos progresistas también se ven atravesados por esta pulsión. Como señalan desde el espacio a la izquierda del PSOE, ese cambio no parte de una posición de rechazo frontal de la inmigración, sino desde una lectura “más pragmática”. La saturación de los servicios públicos y el destino de los subsidios provocan que “parte del electorado de izquierda comience a pensar que ‘así no se puede seguir, que no cabemos todos, hace falta control’”».