La vicepresidenta de Soberanía Tecnológica de la Comisión Europea publicaba hace unas horas que «Hoy, la Comisión ha dictaminado preliminarmente que las plataformas pornográficas Pornhub, Stripchat, XNXX y XVideos infringen la Ley de Servicios Digitales por permitir que menores accedan a contenido para adultos». Luego remarcaba «las plataformas en línea son responsables de proteger a los menores y deben hacer más para cumplir con esta responsabilidad».
Desde Suecia, un desarrollador y podcaster respondía inmediatamente: «¿Cómo se puede lograr eso sin entregarles a estas plataformas nuestra identidad y la capacidad de rastrearnos? Lo último que quiero es que se les confíe algo». El hilo lo remataba otro usuario con: «Por favor, no más excusas para justificar que "entregar toda tu información personal y documentos de identidad a servicios de Internet aleatorios es bueno"».
Y este es el problema de fondo: si se quiere regular el acceso o se confía en las instituciones públicas o se confía en empresas por lo general poco confiables.
Al final es necesario un «punto seguro» de confianza para todas las partes que chequee la identidad o ciertos aspectos de ésta, como la edad, y de el visto bueno a terceros para permitir el acceso a información regulada (como el porno, etc.) sin trazar a los usuarios para garantizar su privacidad. La cuestión es si los estados o, la propia UE, están dispuestos a ofrecer este servicio de forma universal. Es decir, si la Unión Europea es capaz de ir más allá en la definición de la identidad digital soberana.