Como parte del estudio Nutrición para una Vida Saludable, los participantes fueron asignados aleatoriamente a una de cuatro dietas: omnívora alta en grasas (OHF), omnívora alta en carbohidratos (OHC), semivegetariana alta en grasas (VHF) o semivegetariana alta en carbohidratos (VHC).
Si bien cada dieta proporcionaba la cantidad adecuada de energía necesaria proveniente de las proteínas diariamente, la fuente de estas variaba: los omnívoros obtenían la mitad de sus requerimientos proteicos de fuentes animales, mientras que los planes semivegetarianos aportaban el 70 % en forma de alimentos de origen vegetal. Para lograr la mayor homogeneidad posible en los datos, los 104 participantes tenían un índice de masa corporal (IMC) entre 20 y 35, no eran fumadores ni vegetarianos, no presentaban alergias alimentarias graves ni enfermedades crónicas.
Estadísticamente hablando, la mayor mejoría se observó en el grupo OHC, donde la energía diaria de los individuos se componía de un 28-29% de grasas y un 53% de carbohidratos, además de un 14% de proteínas. En este grupo, donde predominaban los carbohidratos, la edad biológica era entre 3,5 y 4 años menor que en el grupo OHF.
Cabe destacar que las dietas altas en carbohidratos excluían los azúcares refinados y/o los alimentos ultraprocesados , y que el macronutriente provenía principalmente de carbohidratos complejos (alimentos integrales, ricos en fibra y bajos en grasa).
Los resultados, aunque preliminares, sugieren que cambios a corto plazo y poco drásticos en la dieta podrían mejorar la respuesta del organismo al estrés, la inflamación y la función metabólica.