«La imposición de una "super-aplicación soberana" y obligatoria para todos los ciudadanos rusos apunta a un nuevo paradigma de control social, donde el Estado no solo vigila, sino que gestiona la totalidad de la vida digital de la población a través de un único ecosistema centralizado.
Este movimiento va más allá de la censura de internet o la vigilancia tradicional. La creación de una aplicación obligatoria que integra múltiples servicios (mensajería, finanzas, servicios públicos) representa la materialización de un modelo de autoritarismo digital completo. Democratiza una herramienta de control total que puede ser exportada o emulada por otros regímenes, alterando fundamentalmente la relación entre el Estado, el ciudadano y la tecnología, y eliminando cualquier espacio para la disidencia digital».