Los poderosos del mundo tienen nostalgia del periodo de entreguerras. El último «must» ya no está en las costas, sino en volver a los trenes de Agatha Christie, también el Orient Express, con decoraciones maximalistas y restaurantes años 20, y alojarse en hoteles que son mansiones aristocráticas en localizaciones del antiguo «grand tour», el hoy lejano origen del «tourism».
Bajo el glamour y el encanto, en realidad, la incapacidad de quienes dirigen el mundo para imaginar un futuro, ni tan siquiera para ellos solos. Aún menos para la Humanidad. Al final de la fantasía nostálgica y narcisista, como siempre, como en los años 20, la guerra.