Los comuneros estadounidenses entre la igualdad de la colectividad y la cizaña de la identidad
Cuando construimos con otros, su «ser» -que es lo que ellos consideren- no importa. Sólo importa aquello a lo que juntos damos forma conscientemente, movidos por objetivos comunes, el hacer. Nuestros compañeros son «nuestros», es decir, pertenecen y son reconocidos, tal y como «son», por pertenecer, por aportar, no por «ser» nada en particular.Por eso la forma comunitaria de respetar y «reconocer» el «ser» de cada uno consiste precisamente en... ignorarlo.