Cosas malas de vivir en un pueblo que nadie te cuenta antes de mudarte
Mudarse a un pueblo suele contarse como un salto hacia la calma, la comunidad y una vida más sencilla. Y muchas veces lo es. Pero también hay una cara menos visible, pequeños problemas y dificultades que rara vez aparecen en las fotos bonitas o en los relatos entusiastas. Desde las carreteras cortadas por la lluvia hasta los cortes de luz, adaptarse al mundo rural implica desarrollar algunas estrategias de mitigación. Hablar de ello no desanima: te ayudará a adaptarte con éxito.
Cuatro problemas que no le gustan a nadie y las estrategias para mitigarlos
Cortes y micro-cortes eléctricos
En la España interior no tenemos todavía los problemas de red de India o Cuba, pero en el último año tuvimos dos caídas de red relativamente largas y los micro-cortes de luz son más frecuentes que en las ciudades. En el último año tuvimos media docena. Apenas duran unos segundos, pero si como nosotros tienes servidores conectados a la red, unos segundos sin electricidad son suficientes para tirar los servidores y parar los servicios que hayas creado.
Estrategia de mitigación. Tenemos los dos servidores con un SAI y el router con otro.
Las carreteras y la lluvia
En el mundo rural, afortunadamente, hay polos industriales. Nuestro pueblo está a medio camino entre uno de ellos y una autopista europea (la Vía de la plata). Casi un millar de camiones pasan por la carretera cada día. Pero como casi todas las carreteras rurales de España, el manteniminento es más un parcheo temporal que otra cosa. Resultado: estos días de lluvias tenemos cortada la carretera principal y las comarcales alternativas más concurridas de lo que resultaría cómodo.
Estrategia de mitigación. Armarse de paciencia y tomar rutas alternativas que te pueden retrasar entre 30 minutos y una hora dependiendo el destino y el día.
Los transportistas que no conocen el pueblo
El viernes recibíamos un colchón. El transportista no es de los que suelen venir a nuestro barrio, una antigua aljama separada por cuestas y calles estrechas del pueblo moderno. Resultado, dio veinte vueltas y no encontró por dónde subir y que cupiera su furgoneta. Como lo que los transportistas cobran por algo así es poco (4€) y los costes de gasolina van de su cuenta, a la mínima pierden dinero en el servicio. Como además tienen que trabajar jornadas largas para sumar unos ingresos mínimos, cualquier retraso significa para ellos echar horas nocturnas no retribuidas de más. Así que, como es lógico, no es que les sobre la paciencia, y muchos llaman para decir que simplemente te dejan el pedido en la otra punta del pueblo...
Estrategia de mitigación. En todas las compras fuera del pueblo, presenciales o en la web, pregunta qué mensajería te lo servirá. Si no es de las que vienen a diario, tienes que avisar al transportista de que te llame antes para que, en vez de usar Google Maps, use el recorrido que le mandes.
La espontaneidad ya no vale para quedar con los viejos amigos
Estamos a 426 km de Madrid, a 757 km de Bilbao, a 769 km de Mutxamel, a 1.046 de Barcelona y a 1.455 km de Aviñón. No es que echemos demasiado de menos esas ciudades, pero es donde viven la mayor parte de nuestros viejos amigos. A los efectos de encontrarnos y salir juntos no hay ya tanta diferencia con nuestros amigos en Buenos Aires. Es decir, ya no se pueden dejar las cosas a la espontaneidad. Salvo raras y celebradas ocasiones no van a pasar por aquí. Quedar es organizar fines de semana y vacaciones.
Estrategia de mitigación. Organizar con tiempo visitas y recepciones de fin de semana y de vacaciones. Con un poco de suerte con los calendarios y obligaciones de cada uno podemos llegar a vernos un par de veces al año.
No es para tanto
La verdad es que salvo mejorar carreteras el resto de las cosas pueden arreglarse o mitigarse casi totalmente adaptándose y aprendiendo nuevas rutinas. Y si hiciéramos un listado similar de los problemas típicos de vivir en una gran ciudad, los inconvenientes serían seguramente más y casi todos peores.
Pero lo más importante es que, al final, las razones para venirse a vivir a un pueblo son sólidas y el balance sale positivo por mucho.